lunes, noviembre 06, 2006

Tres miradas al acontecimiento...


Por detrás, por delante y sobre del acontecimiento. Tres perspectivas radicalmente distintas, tres formas de proyectar significados mundanos.


El acontecimiento es un suceso que marca un antes y un después en nuestra relación con el tiempo, cuando ocurre el acontecimiento cierto vacío inherente a nuestra metafísica queda lleno. El acontecimiento es un poner al completo nuestra concepción metafísica del mundo, un cubrir cierta ausencia inherente a la trama de significados e ideas cosificadas con que interpretamos y vemos el mundo. El acontecimiento en la medida que cierra cierto universo significativo antes inacabado transforma el propio universo significativo, la cosa completa no es ya la cosa por completar, y ello dirime en gran medida de qué forma dotamos de sentido al todo en general y a nuestro existir en particular.

Ese llenar cierto vacío ontológico supone un completar un algo existencial de suma importancia para nosotros. Si hay vacío ontológico se está a la espera del acontecimiento, nuestra mirada se dirige al futuro, si el vacío ya fue cubierto por el acontecimiento entonces ya no hay espera y nuestra vista se orienta hacia el pasado, al momento en que se llenó nuestro vacío existencial. Si hay vacío ontológico el sentido de nuestro existir se encuentra mirando al futuro, lo que está por venir es lo que dota de sentido a nuestra vida. Si no hay vacío ontológico, si el acontecimiento ya ha ocurrido, entonces nuestro existir se fija en el pasado, lo ya ocurrido es la fuente significativa para nuestra vida.

Ilustremos todo esto con un par de sujetos, uno cuyo vacío ontológico ha sido recubierto y otro cuyo vacío está por cubrir. Como paradigma del primer caso podemos considerar a un cristiano. Obviamente para el cristiano el acontecimiento que rellenó el vacío ontológico propio de su primitiva concepción metafísica fue la llegada de Jesucristo, del mesías. Por el contrario, dicho vacío permanece incompleto para el judío, no reconoce éste a Jesús como su profeta, tampoco a otros personajes posteriores que son igualmente productos del carácter performativo del lenguaje. El judío considera que el profeta todavía está por llegar luego entiende que el acontecimiento aún no ha tenido lugar. Así pues, el cristiano no espera la llegada del acontecimiento, este ya sucedió. El cristiano dota de sentido su existencia a través del ejemplo de Cristo, es decir, vía un acontecimiento ya ocurrido. Así mismo, el cristiano mide el tiempo a partir del acontecimiento, marca éste evento, la llegada del nazareno, el tiempo cero del universo cultural cristiano. Por el contrario, el judío está a la espera de que algo ocurra, de que llegue el suceso extraordinario, el acontecimiento que marca un punto de inflexión temporal. El tiempo para el judío es una cuenta atrás. El sentido existencial para el judío se construye sobre la base de un esperar aquello que está por advenir.

El hecho mismo de que dicho vacío ontológico esté relleno o no condiciona nuestra mirada de forma radical. Considerados estos dos paradigmas de vacío, el cristiano y el judío, el completo y el incompleto ontológicamente hablando, veamos un ejemplo de cómo la mirada queda radicalmente condicionada al realizar un acto tan aparentemente simple como observar una foto. Cuando un cristiano observa una foto su hábito de encontrar el sentido en el pasado, hace que su observación se dirija a lo ocurrido hasta el momento en que fue realizada la foto misma. El cristiano dota de significado al significante "foto" a través de la historia de los elementos constitutivos de la foto. El cristiano encuentra el sentido en la historia. El judío, por el contrario, cuando mira una foto ve un ocaso, un instante captado que se sitúa en el momento del apocalipsis, ve en toda foto algo que se termina, un instante que se está acabando. El judío no dota de sentido a la foto a través del pasado, mirando a la historia. El judío establece el significado de la foto a partir del futuro, luego la imagen es mirada desde la perspectiva de lo que está por venir mostrando así su carácter transitorio, su carácter efímero, fugaz. La foto para el judío señala a un momento final, indica un punto final, límite, una frontera entre mundos. La foto es concebida por el judío en el ámbito de una cuenta atrás cuyo tiempo cero, el acontecimiento, es el final de una época y el comienzo de otra. La foto -dicho de otra manera- aparece como preludio de un futuro que está al caer.

La mirada de Crisipo no sería ni la una ni la otra, ni la del cristiano ni la del judío, el sentido no se encuentra ni en el pasado ni en el futuro sino en el instante mismo, el acontecimiento no se sitúa ni en el pasado ni en el futuro sino en el ahora. El vacío permanece eternamente incompleto en la medida que cada acto de completitud augura una nueva incompletitud existencial u ontológica.

6 comentarios:

ana dijo...

más bien el acontecimiento es el tiempo, no? sin comparación de dos movimientos (dos acontecimientos) el tiempo no existe. aunque aquí creo que hablas de acontecimientos que dotamos de sentido(s), lo que es importante para la filosofía de la historia; los cristianos (y supongo que las demás religiones también) ven a toda la humanidad encaminada a el mismo fin: dios, concepción que delimita sus estrategias sociales en aras de conseguir dicho fin. lo de crisipo no logro entenderlo.

Monica dijo...

El enfoque del cristianismo siempre es con respecto al pasado, a la vida de Cristo, aunque la iglesia catolica hace un esfuerso muchas veces sin exito de aplicar ese ejemplo pasado al presente. En general estoy de acuerdo en que generalmente se vive pensando en los acontecimientos pasados y ahí pienso es cuando se produce el estancamiento, por eso es de vital importancia crearse nuevos retos y proyectos a futuro para buscar nuevos acontecimientos que produzcan el cambio y la superación permanente.
mocristy1208@hotmail.com

Edmundo V dijo...

Gracias por vuestros comentarios y disculpad que no haya podido contestar antes.

Ana, se trata del acontecimiento como evento que marca un antes y un después de la cosa, digamos que tras el acontecimiento la cosa pasa a ser otra cosa. Crisipo, como se ve en el post anterior, es un intento por situar el acontecimiento mismo en el presente, no en el pasado ni en el futuro.

Comparto contigo Mónica que el acontecimiento en el pasado puede paralizarnos, sumergirnos en un quietismo melancólico, aunque, ojo, no tiene por qué ser así necesariamente. Ahora bien, ocurre exactamente lo mismo con el futuro, una imagen que nos situemos al frente puede servir para incrementar nuestra capacidad de actuar o justo lo contrario.

Saludos.

Ender el Xenocida dijo...

Hola!
No comprendo bien la definición de acontecimiento. Tiene que ver con que la cosa pasa a ser otra cosa. Para ello debemos percibir un cambio en la cosas. ¿Cómo decidimos que la cosa ha cambiado? ¿Es una percepción interior, es decir una experiencia personal? ¿Es eso que vulgarmente la gente describe como "aquello me marcó", "desde aquello ya no soy el mismo"? Creo que va por ahí, ¿no?
Y qué es la ¿cosa?, ¿Una conciencia humana o podría ser también un perro o una piedra?
Saludos.
JL.

Edmundo V dijo...

Lo cosa es aquello en lo que en cada caso concreto ya andamos y nos las vemos. La cosa es el "de qué" del cuál se predica un "qué", por tanto, un algo que se delimita, se fija, se define, es el subiectum, lo que precede al "es...", aún siendo o no posible que efectivamente sea así pues puede ser que aquello que creías era por lo que andabas y te ocupaba no era tal, puede ser que de pronto te caigas de la higuera. La cosa es "lo que es", el "ente mismo", que, por otra parte, es aquello que ocupa a todas las ciencias.

Tu inquietud acerca de cómo nos percatamos de cuando la cosa pasa a ser otra cosa es una cuestión difícil. Me inclino a pensar que no es una experiencia personal sino histórica. La cosa cambia en función de cómo usamos esa forma gramatical vacía de todo contenido léxico que denominamos cópula, dicho de otra manera, la cosa cambia con el ser, con la metafísica. No obstante, desde luego, cuando cambia el uso de la cópula ya no somos los mismos.

Ender el Xenocida dijo...

Gracias por el esfuerzo, pero no acabo de entender de qué hablamos.
Una piedra es un sujeto, susceptible de preceder al "es..."
¿La inversión periódica del campo magnético terrestre imprime un acontecimiento en las piedras del planeta? ¿Podemos hablar en esos términos o sólo es aplicable a máquinas pensantes?
Me quedo con la experiencia histórica. Pero en eso veo un problema. Una experiencia histórica, entiendo que es una experiencia que afecta a un cierto número de individuos y los marca a lo largo del tiempo, pasa a formar parte de su cultura y su tradición y se convierte en una especie de memoria colectiva. Ahora bien, ese aprendizaje, ¿esa transmisión de la memoria colectiva en qué momento se da? ¿Puede inventarse?
Imaginémonos a un niño, hijo de cristianos, abandonado en una isla con una biblia falsa. En esa biblia explica que nunca llegó el Mesías, sino que está por venir. El niño crece con esa percepción de un acontecimiento histórico futuro. ¿Hemos creado un Acontecimiento a nuestra voluntad?
¿Hemos creado artificialmente una nueva memoria histórica? ¿Ese niño formará parte de la misma colectividad histórica que el resto de cristiano?
Saludos
JL.