miércoles, abril 25, 2007

Dialéctica del amo y el esclavo en Hegel

“Autonomía y no autonomía de la autoconciencia; dominación y servidumbre” en la Fenomenología del Espíritu. Este capítulo, el IV, está considerado como uno de los momentos cumbres de la filosofía. Además, este año se cumplen 200 años desde que Hegel acabara esta genial obra bajo los cañonazos de Napoleón, en Jena, a principios de 1807. Marx dirá de la Fenomenología que es el taller del hegelianismo.

El concepto clave en la Fenomenología del espíritu de Hegel es el de espíritu. Si las filosofías anteriores tomaban el ser, lo que “es”, estrictamente como substancia, con Hegel dicha substancia cobra vida a través del concepto de sujeto. Así, el espíritu viene a ser una substancia-sujeto, es lo absoluto entendido como una dialéctica unitaria entre su elemento pasivo, la substancia, y su elemento activo, el sujeto.

Ahora bien, es precisamente en el estudio de la autoconciencia dónde aparece por primera vez el espíritu. La noción de autoconciencia es retorno a sí misma a partir de la alteridad, de lo otro. Lo otro, el mundo sensible, aparece a la autoconciencia como un algo a negar en su alteridad independiente para relacionarlo consigo misma. La conciencia no es la mera contemplación del ser sino deseo de ser. Es el deseo de lo otro lo que lleva a la conciencia a reconocerse a sí misma, por ello Hegel caracteriza a la autoconciencia como apetencia o deseo insaciable. El deseo es el movimiento por el que la conciencia se lanza hacia lo otro no para destruirlo, en este caso la conciencia ya no podría ser reconocida, sino para negarlo en su independencia y convertirlo en medio de la propia autoafirmación. Notémoslo: lo que la conciencia busca en el objeto sensible no es objeto sensible sino a sí misma. Ahora bien, si “la autoconciencia sólo es en cuanto autoconciencia reconocida”, si lo que busca la autoconciencia no es lo otro sino el reconocimiento propio entonces la conciencia no podrá encontrar la satisfacción en ningún objeto sensible sino en un objeto en el que reconocerse y pueda ser reconocida. El deseo que consituye la autoconciencia se realiza, pues, en el fondo como deseo de ser reconocida por otra autoconciencia.

Así, la conciencia para pasar del en sí al para sí necesita de la mediación de otra autoconciencia, el movimiento de reflexión por el que una conciencia llega a sí misma pasa por el reconocimiento de otra conciencia. Ahora bien, cuando cada autoconciencia se afirma como conciencia que debe ser reconocida se enfrentan, se da la lucha entre ambas en la que una debe reconocer y la otra ser reconocida. Esta actitud muestra que la autoconciencia surge como la negación de la naturaleza, se sabe por encima de lo biológico en la medida que implica la voluntad de matar al otro, la otra autoconciencia, y de arriesgar la vida propia, la autoconciencia en sí. El deseo de ser reconocida implica, pues, para la conciencia el riesgo de la vida. El encuentro de estas dos conciencias conlleva, pues, una lucha a muerte en la que cada una pretende someter a la otra y hacerce reconocer por ella. Ahora bien, no todos los hombres ponen el deseo humano por encima del deseo biológico de supervivencia. La una por miedo a perder la vida cede en su deseo de ser reconocida, la otra se mantiene en su deseo de reconocimiento a pesar de poner en riesgo su vida. La primera conciencia se constituye en esclava, la segunda en señor. No obstante, en esta relación hay un elemento llamado a cambiarla de signo. El señor se sirve del siervo como si fuera su propio cuerpo para transformar la naturaleza, su relación con ésta pasa por la mediación del trabajo del siervo y por su reconocimiento como amo. Así, el siervo tendrá dos ventajas sobre su amo:

  1. Si ha escogido vivir ha sido por miedo a la muerte, la angustia frente a la muerte empuja al siervo a tomar plena conciencia de sí mismo.
  2. El trabajo del siervo lleva consigo un elemento humano que le abre el camino a su liberación. El trabajo, en la medida que crea un mundo cada vez menos natural y más humanizado, contribuye a que éste se libere de los instintos y a reconocerse a sí mismo en un mundo que es su producto.

El resultado de este proceso es la emergencia del pensamiento que surge en la conciencia del siervo de la unión de sus dos elementos esenciales: el para sí de la autoconciencia y el en sí del objeto al que ha dado forma con su trabajo. Es precisamente en este pensamiento donde se han unido el en sí y el para sí donde aparece la libertad, donde el siervo cobra conciencia de su libertad.

12 comentarios:

Ender el Xenocida dijo...

Se podría alegar que el deseo de la autoconsciencia a ser reconocida es también un deseo biológico. Y que esa necesidad -ya que de no haber necesidad, la existencia de ese deseo sería azarosa- es una estrategia más de supervivencia: la vida en tribus, o social.
Así, vemos como los grandes simios arriesgan también su vida por individuos de su mismo grupo y necesitan la vida en sociedad tanto como nosotros, a riesgo de caer en la depresión por exilio o soledad.
Por otro lado, un individuo en soledad desde el nacimiento (un Tarzán sin fotos ni recuerdos de sus padres e incluso sin padres simios adoptivos) busca también que su autoconsciencia sea reconocida. Si vive en soledad, nunca tendrá autoconsciencia de sí mismo, según Hegel. O bien podemos pensar que su consciencia inventará a otra para reconocerse a sí misma: un amigo imaginario, un animal (considerado no autoconsciente) o incluso un árbol, o quizá la Naturaleza misma entendida como un organismo consciente (Gea)...
Tarzán se ve reflejado en todo lo que le rodea y unido a todo como una Unidad.
Pero, ¿quién sería ahí el amo y quién el esclavo?

¿Cómo sabría Tarzán si aquello en lo que se está reconociendo es autoconsciente o no? ¿Por el grado de similitud con uno mismo?

Saludos.

Edmundo V dijo...

Para Hegel personajes como Tarzán, Robinson, etc. no son humanos, no pasarían de ser meras ficciones literarias. Si la autoconciencia sólo puede ser autoconciencia en la medida que se reconoce a sí misma por mediación de la alteridad, de lo otro que la constituye y que constituye conforme a la dialéctica del amo y el esclavo, entonces si no hay lo otro, si no hay otra autoconciencia que negar o afirmar, entonces no puede cerrarse el círculo reflexivo, no puede haber autoconciencia, conciencia para sí ni humanidad alguna.

Ender el Xenocida dijo...

Me parece una filosofía muy peligrosa. Podríamos acabar diciendo que los autistas y deficientes mentales son menos humanos que los demás, y justificar así actos atroces. Creo que la extrema derecha podría perfectamente adaptar este discurso y llevarlo no muy difícilmente a su terreno.
Es curioso, a la izquierda le viene bien, porque encuentra una explicación al concepto de lucha de clases, derivado de la dialéctica amo-esclavo.
Pero esa línea que pretende separar lo que es humano de lo que no lo es, basándose en lo que a nosotros nos parece la autoconciencia reconocida podría ser pasto de la derecha más rancia.

Edmundo V dijo...

Un autista carece de una cualidad fundamental del humano, por eso es considerado deficiente, negar esto sobre la base de un argumento "moraloide" es lo peligroso.

Nadie dijo que el carecer de rasgos humanos "esenciales" suponga más o menos respetabilidad. Eso lo concluyes tú, porque tú partiste de ese prejuicio.

Ender el Xenocida dijo...

Todo el mundo dice que carecer de rasgos humanos esenciales es menos respetable (Hegel y tú quizá no, pero el resto del mundo sí). Vivimos acordes a ese principio. Lo que no es humano no tiene los mismos derechos que lo que sí lo es.

No sólo eso, cuando una persona hace un acto reprochable o tiene una actitud detestable en la sociedad decimos que tiene poca humanidad o que es poco humano. Lo que nos complace y consideramos aceptable socialmente lo denominamos humano.
Por eso sería muy fácil que ese tipo de afirmaciones de lo que es humano y lo que no lo es, se utilizasen desde la extrema derecha. Por ejemplo, diciendo que determinadas personas nunca llegarán a tener el mismo nivel de autoconsciencia reconocida que otras. Así, unas son menos humanas que otras. Así, unas merecen menos derechos que otras.

Yo ahí veo una curiosidad -como te decía-, digna de reflexión: cómo políticas de izquierda y derecha podrían beber de Hegel desde lados distintos.

Saludos.

Edmundo V dijo...

Ahora resulta que Ender el naturalista pone más valor a lo que es humano que a lo que no lo es. Yo no hablaría de más o menos valor.

Una posición ética materialista posible, que a mi me parece seductora, podría basarse en el respeto a la corporeidad, a los cuerpos en general. Tomar como principio ético evitar el dolor propio y ajeno en el caso de los cuerpos sintientes. Te remito al post Epicuro, una experiencia y una elección. Autores muy recientes -Adorno es un ejemplo- han defendido posturas éticas similares de inspiración materialista.

De hecho esta posición de respeto con los cuerpos en general, humanos o no, animales o no, creo que podría considerarse universalizable, incluso acuciante en estos tiempos en el que la cuestión medioambiental y su problemática están más al orden del día que nunca. No está mal promover el respeto para con la naturaleza en su conjunto.

Saludos Ender.

N'Feen dijo...

El conflicto es biologia y tiene su mejor expresión en la edad en que todos los niños y niñas se afirman contra sus padres. Hasta que no encuentran pareja/amor sufren horrores.

La psicologia lo encuentra incluso desde una edad más temprana. Para encontrar llegar al ego primero el niño debo reconocer al otro, para desgajarse de él, luchando. Conflicto necesario para la individuación.

Supongo que todos le debemos las bases a Hegel.

Sebastián dijo...

Muy buenos comentarios. soy estudiante de ingenieria asi que como veran no tengo mucha idea de hegel. llegue a el por casualidad luego de leer padre rico, padre pobre.

Les dejo un saludo y espero que sigan haciendo más comentarios constructivos

Anónimo dijo...

hola!! buscando explicacion sobre la dialectica del amo y el esclavo llegué a tu blog.... queria saber si me puedes explicar bien como funciona la relacion amo-esclavo, el papel del deseo,el miedo a la muerte y el trabajo. estoy preparando un examen.
desde ya mil gracias.
vale_73_2006@yahoo.com.ar

Anónimo dijo...

una pregunta tenes idea cuales son los tres momentos de la liberacion del esclavo?

Anónimo dijo...

Muy bien lo de edmundo, muy lúcido y acaso brillante. Las conjeturas de ender: desastrosas.

Anónimo dijo...

Hace poco descubri tu blog! Me parece muy interesante. Saludos y espero q sigas con tu maravilloso trabajo!!