lunes, enero 01, 2007

El nacimiento de la Biología

Con vistas a ilustrar la tesis materialista, «Cuando observamos la realidad nosotros mismos nos incluimos en ella. El Sujeto se incluye en el Objeto», nos vamos a servir ahora del nacimiento de la Biología como disciplina científica a finales del siglo XVIII.

Recordamos que la afirmación de que el Sujeto se incluye en el Objeto afirma dos cosas a un mismo tiempo. Primero, que no podemos situarnos en un punto de vista del «Ojo de Dios» para habérnosla con el Objeto, no hay perspectiva privilegiada, situada más allá del ambiente espiritual de nuestra época, de nuestro «Zeitgeist», del Sujeto. Segundo, que dicho ambiente espiritual es un producto histórico y concreto. Dicho de otra manera, el hombre no puede situarse fuera del contexto cultural propio de su época histórica y, a su vez, dicho contexto cultural corresponde siempre al modo de producción dominante de cada época, esto es, a la historia real, concreta, de los hombres, de las formas de producción alcanzadas por ellos, de las relaciones de producción que han establecido entre sí. Cuando el Sujeto mira al Objeto éste ya contiene al Sujeto, el Objeto es ya su producto, es visto siempre-ya desde lo a priori, desde un «Zeitgeist» que es el producto de la historia real de los hombres, de la lucha de clases, de la historia de los modos de producción. El hombre está siempre dentro de una marco histórico concreto, a la vez dicho marco es el producto de la historia humana, de lo enmarcado. Tenemos así que el auténtico materialismo sigue la topología de la Banda de Möbius.

El siglo XVIII en Inglaterra está dominado por la Revolución Industrial, esto es, entre otros aspectos que citar ahora estaría demás, por el desarrollo del maquinismo. La máquina de vapor -dirá Engels- se establecía en el símbolo emblemático de dicho proceso industrializador, del maquinismo. Asímismo, en las últimas décadas del XVIII, Francia se encuentra inmersa en un proceso revolucionario cuyo vértice podemos encontrar en la toma del poder por parte de los Jacobinos en 1792. En este contexto, en Francia, se va abriendo camino un nuevo «Zeitgeist» caracterizado por valores, ideales, imaginarios, etc. que dan un sentido claramente positivo, de mejora, a conceptos tales como el de "cambio", progreso, etc. Ambos aspectos, Revolución Industrial y Revolución Francesa - con una única expresión sería Revolución burguesa-, preparan las condiciones subjetivas para que el discurso científico orientado al estudio del fenómeno de la vida constituya su propio Objeto y su propia Teoría, para el surgimiento de la Biología como disciplina.

En este contexto histórico y social, Jean-Baptiste de Lamarck (1744-1829), un joven francés que a pesar del origen noble de su familia es un militante revolucionario abnegado antes y después de la Revolución, sume su tiempo bajo el concepto estableciendo las bases de la Biología moderna.

Los seres vivos empiezan a ser vistos como organismos vivos, esto es, como un conjunto de partes interdependientes e interrelacionadas entre sí. Lo importante de estas partes no es ya su forma, su «eîdos» aristotélico, su estructura visible, sino su función en relación al todo. El razonamiento de los naturalistas de la época era claramente analógico y la analogía se realizaba entre el ser vivo y la máquina de vapor. Cada ser vivo constituye un organismo complejo de partes que funcionan al unísono de forma ordenada y coherente. Este organismo se mueve por efecto de una fuerza calorífica que es el producto de la combustión y ésta, a su vez, es el resultado de la mezcla del alimento (carbón) con el oxígeno en la sangre (caldera). Se va construyendo el nuevo Objeto para la futura nueva disciplina: el organismo vivo -dirá Lamarck-. El Sujeto, claramente, está siempre-ya en el Objeto.

A un mismo tiempo, Lamarck no sólo funda el Objeto sino que también tiene el mérito de formular la primera Teoría Evolucionista. Éste hecho, usualmente, es eclipsado por el discurso dominante que sólo arguye su error. Para el revolucionario francés, en oposición a las teorías fijistas y creacionistas dominantes en su tiempo, si la Tierra tiene su propia historia -tal y como ha mostrado la recién nacida Geología- entonces los organismos vivos también tienen la suya. Las diferentes especies y sus intermedias, distribuidas a lo largo y ancho del planeta, cuyos órganos cumplen similares funciones vienen las unas de las otras, son el producto de un proceso de cambio, de progreso, de mejora adaptativa respecto al medio. El mecanismo que asegura dicho progreso, como en la cultura, es el aprendizaje: las especies transmiten hereditariamente las características aprendidas en su lucha por adaptarse al medio. Esta última idea de Lamarck constituye su famoso error según la Biología actual. Nuevamente al Objeto se le atribuyen las características del Sujeto, de lo humano, de la Cultura, esto es, la capacidad de aprender, de transmitir conocimiento de unas generaciones a otras, la inteligencia, la intención. El Sujeto está siempre-ya en el Objeto.

El sujeto siempre incorpora su propia ontología, así como su «Zeitgeist», al Objeto.

9 comentarios:

ana dijo...

cuando dices que el sujeto está siempre ya en el objeto, se entiende que es imposible hacer ciencia, cosa que no creo que creas.

Edmundo V dijo...

No comparto tu afirmación. ;-)

Es posible hacer Ciencia, de hecho la hay, sólo que es algo diferente de lo que usualmente nos imaginamos de ella.

Saludos !

Ender el Xenocida dijo...

Creo que lo que Ana quiere decir es que si el sujeto está siempre en el Objeto (de un modo total), los resultados obtenidos mediante la observación y experimentación natural no tendrían ningún valor de conocimiento. (En todo caso, sólo lo tendrían para ese sujeto que está en el objeto). Por lo tanto, el sujeto no está totalmente incorporado en el objeto. Hay una influencia del sujeto en lo que percibe pero con un límite. Debemos aceptar ese límite, que separaría lo objetivo de lo subjetivo (por llamarlo de un modo entendible). Sin él, ni siquiera la más mínima parte de ciencia que tú dices que hay -diferente de la que pensamos que es-, no tendría sentido y no aportaría conocimientos válidos.
Saludos.

Edmundo V dijo...

Sí tienen un valor de conocimiento pero relativo a una época histórica y concreta. No es conocimiento en sentido absoluto, esto es, universal y necesario. Tampoco es conocimiento en relación a la Cosa en sí, no es adecuación respecto a la Cosa en sí. Esta forma ingenua de entender lo válido parte de que es posible desplazarse fuera de una perspectiva histórica y concreta, que es posible situarse paulatinamente en el punto de vista de Dios.

Por el contrario, la Ciencia es conceptualización / construcción -siempre trágica- de los problemas que plantea el marco definido por el espíritu de los tiempos. Ahora bien, dicha conceptualización, dicho discurso, tiene sus propios requisitos, su propia lógica: se basa en el método experimental, en la suposición de que todo es susceptible de traducirse a matemáticas, de que trata con la Cosa misma, etc. El discurso científico -dicho sea de paso- también es un producto histórico y cultural.

En efecto, siempre hay cierta distancia entre Sujeto y Objeto. Paradójicamente, cuando nos acercamos demasiado al Objeto sale a la luz la Cosa pero NO en forma de conocimiento sino para hacer patente la artificialidad del Objeto, esto es, que el Sujeto estaba ya en él de múltiples maneras.

La pragmática de los conceptos, de las teorías, esto lo expresa Marx en la II Tesis acerca de Feuerbach (si no recuerdo mal), es un buen método para medir el valor de conocimiento de dichos conceptos, de dichas teorías, en el marco de cada tiempo.

Saludos.

Ender el Xenocida dijo...

Estoy de acuerdo en gran parte de lo que dices. No obstante, ese conocimiento relativo a la época no es tan relativo. Es, más bien, acumulativo. El estudio de la reflexión y refracción de la luz, -que daba un determinado conocimiento a los griegos que lo estudiaron-, debe ser acumulado en el conocimiento actual. Nuestras explicaciones a esos fenómenos deben contener las explicaciones griegas. Por ello, no es del todo cierto que la ciencia sólo estudia (construye/conceptualiza) los problemas que ella misma se plantea en cada marco histórico. Todo el cuerpo explicativo debe ser coherente a lo largo de la historia. Los mismos problemas vuelven a ser revisados bajo nuevos prismas -el prisma de la época-, pero sus explicaciones deben contenerlas a todas mediante un mismo lenguaje -el matemático-.
Esta sutil diferencia con otros productos históricos y culturales, no suele estar reflejada en la habitual crítica que de la ciencia hace la filosofía.
Tal vez por desconocimiento de la misma.
Saludos.

Edmundo V dijo...

Que haya problemas comunes a diferentes periodos históricos no implica que el conocimiento sea acumulativo, los problemas tienen significados completamente distintos en función del universo de significados, del ambiente espiritual, en que se dan.

Por ejemplo, la caída de un cuerpo no tiene el mismo significado para Aristóteles que para Newton, es más la teoría de uno y otro tienen muy poco en común y ello, insisto, porque refieren a ambientes completamente diferentes. Así, la caída de un cuerpo para Aristóteles se explica porque todo elemento tiende a su "lugar natural" mientras que para Newton es el resultado de la acción de la Fuerza de la Gravedad. Ambos conceptos refieren a concepciones completamente diferentes, el primero se da en el marco de un pensamiento de fuerte carga metafísica que concibe el Universo como una jerarquía de esferas concéntricas cada una de ellas con diferente valor ontológico, el segundo concibe el Universo como algo homogéneo y susceptible de ser matematizado en todos sus puntos (esto es algo típicamente moderno, digamos que se pone en marcha a partir de 1600); en el primero, el tiempo es un accidente de lo corporeo, digamos hay tiempo porque el cuerpo cae, en el segundo el tiempo es absoluto, no depende del movimiento de la materia, etc. El inventario de diferencias sería larguísimo sencillamente porque se trata de paradigmas distintos que diría Kuhn. Es absurdo afirmar que la explicación que da Aristóteles de la caída del cuerpo está contenida en Newton.

Es más, uno y otro, Aristóteles y Newton, no "observan" lo mismo al ver caer un cuerpo porque su ambiente espiritual, sus preconceptos, son diferentes, esa caída de la que hablamos tiene significados radicalmente distintos en uno y otro, incluso esa caída se ve diferente manera por uno y otro, de hecho, no hay algo así como una caída al desnudo, observable desde el punto de vista del ojo de Dios. La explicación de ambos a cada una de las caídas se explica, como es natural, también de fomas completamente distintas tal y como ya he indicado, desde sus significados.

¿Hay más verdad en una teoría que en la otra? Sencillamente, la pregunta es absurda porque ambas teorías refieren a tiempos distintos, a concepciones y preconcepciones del cosmos radicalmente distintas y, por tanto, tratan de problemas distintos. Insisto, una cosa es la caída de Aristóteles y otra la de Newton.

No hay acumulación de conocimiento, hay revoluciones científicas, cambios de paradigmas, construcciones teóricas que responden a cada tiempo histórico y concreto.

Ender el Xenocida dijo...

Esa visión de la ciencia, en particular, de la física, es simplificada. Debes incorporar algo más a tu crítica de la ciencia aparte de la dependencia histórica de cada teoría, los preconceptos y el Zeigeist. No es una explicación completa ni satisfactoria.
En el ejemplo que planteas, estoy de acuerdo en que los preconceptos son diferentes y lo que ven, -en términos filosóficos- es por tanto, diferente. Pero lo cierto es que los cuerpos caen tanto para Aristóteles como para Newton. Diré mejor que algo cae, que hay al menos una tendencia que debe ser explicada.
Considera las interferencias producidas por la luz a su paso entre 2 rendijas, observado primeramente por T. Young. Cada científico da una explicación, -te invito a leer mi artículo- y parte de unos preconceptos. Pero el experimento sigue ahí. De hecho, yo lo he repetido. Lo que quiero decir, es que el experimento será revisado una y otra vez por cada nueva teoría. Y cada nueva teoría tendrá que explicar ese mismo experimento.
Algo ha cambiado.
Ahora, ha entrado en juego un nuevo experimento que puede ser repetido y observado por todos. Un experimento que ideó Young, que estaba sujeto a sus preconceptos y época concreta. Dentro de 1000 años, las teorías científicas partirán de nuevos preconceptos y hablaran en nuevos términos, explicarán muchos más fenómenos que los actuales, pero tendrán que explicar también el resultado de Young. No sólo eso, como aproximación de la nueva teoría del futuro, los cálculos de Young seguirán siendo válidos. Su estudio se ha acumulado.

Si los experimentos realizados por Newton no fueran explicados como una aproximación de la Relatividad General, ésta no tendría valor científico. Sí filosófico, especulativo, pero no científico.
El experimento es lo que se acumula en la ciencia, al margen de que haya revoluciones científicas, como dice Kuhn.
Por eso, decir -como decías- que ese conocimiento sólo tiene un valor relativo a la época no es correcto. Lo tiene en esa época y en todas las venideras, pues ya ha pasado a formar parte del acervo fenomenológico de toda teoría posterior.
Saludos.

Edmundo V dijo...

Nos vemos en el V.

Tras un experimento no hay valor de conocimiento alguno, el valor de conocimiento es cosa Teorías.

Ya seguiremos... ahora lo dicho: V.

Ender el Xenocida dijo...

El experimento es descubrimiento.
La primera vez que se observaron interferencias (o como lo queramos llamar, dependiendo de la teoría) al hacer pasar luz de un determinado modo a través de dos rendijas, por T. Young, eso marcó un hito. No fue un acto gratuito ni sólo relativo a T. Young o a su época. Por el contrario, el experimento muestra un modo nuevo sobre cómo se comporta la naturaleza en unas determinadas condiciones.
A partir de ese instante, cualquier teoría o explicación posterior sobre la naturaleza de la luz debe explicar también ese descubrimiento. A partir de ese momento. ¿Por qué? Porque ya no nos lo podemos quitar de encima. Sabemos que ocurren cosas nuevas y no podemos ignorarlas, por muy relativo a la época que sea el conocimiento científico. Por eso se acumula. Hay un antes y un después. Por eso, la afirmación exclusiva de que sólo es relativo a la época cualquier conocimiento científico no es satisfactoria.
También hay descubrimientos no premeditados, como cuando Becquerel descubrió que las sales de uranio guardadas en un cajón impregnaban de algo una placa fotográfica envuelta en papel situada fuera del cajón.
La mera descripción de este suceso es un nuevo conocimiento sobre la naturaleza.
El descubrimiento aporta un valor de conocimiento, claro que sí. Es un conocimiento de facto aun si no tiene una explicación satisfactoria todavía.

PD:Creo que si no estamos de acuerdo, puede ser porque dotas un significado al término conocimiento que no es el habitual.

Saludos.