miércoles, septiembre 06, 2006

Píldoras para un Sartre (II)


«Puede muy bien ocurrir que hayáis matado a Dios bajo
el peso de todo lo que habéis dicho; pero no penséis que podréis
hacer, con todo lo que decís, un hombre que viva más que él» (Foucault)

Humanismo en la ontología de Sartre

Anti-humanismo. Si la realidad en general y el ser humano en particular no se encuentran acabados y constituidos conforme a determinadas esencias, entonces no hay una naturaleza humana, no existe “el hombre” hispostasiado, sublimado. Es más -afirma Sartre explícitamente en la obra objeto de este trabajo- toda esa concepción antropológica del hombre que descansa en la idea de esencia nos conduce de lleno al fascismo. (4) Se trata, por tanto, de liberar al hombre de las ideas cosificadas que de sí mismo tiene. Esta posición recuerda en cierto sentido la enajenación del hombre en Feuerbach aunque va, a nuestro juicio, más lejos. Para Feuerbach no es Dios el que ha hecho al hombre a su imagen y semejanza sino que, por el contrario, es el hombre el que ha proyectado sus esencias en la idea de Dios. No obstante, el hombre ha hecho de una idea, la idea de Dios, una realidad trascendente que lo determina y a la cuál se debe con fe y devoción. Encontramos, así pues, tanto en Sartre como Feuerbach una crítica a la reificación de las ideas. No obstante, Feuerbach se queda en una posición humanista en la medida que considera que el hombre debe superar su enajenación reconciliándose con sus esencias, esto es, viéndose a sí mismo en todo aquello que ha proyectado en la idea Dios. Por el contrario, en Sartre, insistimos, no hay esencias proyectadas ni en un sentido ni en el otro, ni del cielo a la tierra ni de la tierra al cielo, no hay extrañamiento respecto a una naturaleza que no tenemos ni, en consecuencia, necesidad de reconciliarse con esencia humana alguna. (5)

Humanismo existencialista. Por el contrario, el ser humano es un proyecto abierto al porvenir, es un producto plástico, moldeable, realizable conforme a la imagen de sí mismo que el propio hombre pone frente de sí como ideal a realizar. El hombre es un producto inacabado e inacabable del hombre, el hombre se hace a sí mismo de forma permanente, sin fin. Por tanto, el ser humano se encuentra siempre fuera de sí, actualizándose conforme a una idea de sí mismo que le rebasa, que vive como ausencia anhelada, amada, y que, por ello mismo, le moviliza. Se propugna, así pues, una nueva forma de humanismo que consiste en: 1) percatarse de que no podemos trascender la subjetividad humana, no hay más realidad que la realidad vista desde la perspectiva de lo humano, no es posible concebir la realidad ni el hombre desde el punto de vista del «ojo de Dios»; 2) esta realidad, una vez despojada de sentido inmanente, se presenta al sujeto como simple contingencia, absurda, completamente secularizada; 3) en consecuencia, el sujeto descubre que pesa sobre sus espaldas la responsabilidad de elegir el significado que adjudica al ser humano en particular y a la realidad en general, que tiene sobre sí la pesada losa de constituir el mundo y eso que somos; 4) dicha elección, en la medida que la realidad carece de referente alguno en el cielo inteligible de las esencias religiosas o en el objetivismo metafísico de los aparatos conceptuales reificados de los cientificistas, se da en el desamparo, sin contar con el favor de nada ni nadie; 5) la responsabilidad de elegir en el desamparo da lugar a un sentimiento de angustia, produce la náusea. (6)


Continuará...


Notas

4. Sartre, Jean-Paul. El existencialismo es un humanismo, p. 82-84, Ed. Edhasa, 2004.
5. Ídem, pp. 27-40, 84-86
6. Ídem, pp. 27-40, 84-86

1 comentario:

Jonathan Beckman dijo...

Breve, y me pareció que extrajiste las ideas principales. Bien.