viernes, septiembre 01, 2006

Píldoras para un Sartre (I)


«El hombre, tal como lo concibe el existencialista,
si no es definible,
es porque empieza por no ser nada» (Sartre)


Trazos de una ontología de la libertad

Consideramos que el pensamiento de Sartre se abre camino en medio de la contradicción entre libertad y situación, dos conceptos claves en filosofía. El primer Sartre, el de La náusea y el del libro objeto de este breve trabajo, El existencialismo es un humanismo, desarrolla su filosofía a partir del concepto de libertad, una libertad que -cómo el mismo explica- encuentra su origen y fundamento en la subjetividad, en el cógito cartesiano, en el sujeto pensante (1). El segundo Sartre, el de Crítica de la Razón Dialéctica, en un diálogo más íntimo con el marxismo, elaborará una filosofía centrada en el concepto de situación, es decir, tendrá un vínculo más estrecho con el materialismo. Trataremos en este breve trabajo el primer Sartre aunque al final haremos algunas reflexiones críticas que ya apuntarán al segundo.

Ateísmo. Para Sartre la única manera de ser consecuente con la libertad es el ateísmo. El filósofo francés encuentra en la negación de la trascendencia propia de la religión, en la negación de la idea de Dios, así como en su rechazo del objetivismo cientificista, la condición de posibilidad de una ontología de la libertad. Si no hay Dios ni objetividad absoluta entonces las cosas, el ser humano, la totalidad de lo real, no participan ni se actualizan conforme a ideas arquetípicas, paradigma o modelo alguno, respecto a un cielo inteligible donde se ubique la esencia de lo real. Da Sartre, por tanto, un paso más en el proceso secularizador del pensamiento occidental, no se queda en una negativa respecto a la existencia de Dios sino que arremete contra el platonismo enquistado en la cultura occidental: «la esencia no precede a la existencia sino que, por el contrario, la existencia precede a la esencia». El pensador francés, como Nietzsche, quiere liberar al hombre de la cosificación de los productos del pensamiento humano, revistan éstos un carácter religioso o científico. Se trata, por tanto, de que el hombre no quede esclavizado respecto a sus propias ideas reificadas, de no hacer de los aparatos conceptuales una metafísica, esto es, de no confundirlos con la realidad misma. Pero, además, si la realidad no está constituida conforme a determinadas esencias acabadas, si ésta no se encuentra finalizada sino dispuesta a ser producida incesantemente, el ser humano encuentra aquí la libertad para elegir y proyectar, en un acto de futurición, aquello que anhela que el mundo en general y el ser humano en particular sean. (2)

Lógica del sentido. Hay en Sartre una particular lógica del sentido que se desprende directamente de su ateísmo y de la tesis principal del existencialismo: «la existencia precede a la esencia». Esta lógica, como veremos, nos aboca al sentimiento trágico de intentar poner sentido a una realidad que de por sí carece de él. Para el pensador francés el ámbito de referencia al que apunta el lenguaje, ese lugar al que señala el carácter deíctico del ser, es puro significante, simple contingencia, una tiniebla sin sentido alguno. El significado, el carácter copulativo del ser, brota exclusivamente de la interpretación hecha por el sujeto libre. Esta lógica del sentido puede encontrarse cuando Sartre reflexiona acerca del signo en su obra El existencialismo es un humanismo. El signo es significado y significante, ahora bien, cada hombre puede elegir libremente la interpretación del signo, puede dotar al significante del significado que mejor le parezca. Estamos, por decirlo así, frente a una contradicción insalvable entre los dos constituyentes del signo, entre significado y significante. Por tanto, se revela el sentido como algo arbitrario en la medida que el significado no se sustenta en inmanencia alguna sino que, por el contrario, a lo sumo, está referido a un futuro incierto y nunca alcanzado, el sentido se encontraría en aquel momento en que se cierra la definición misma del mundo que nosotros hemos ido dibujando, en el apocalipsis mismo. Mientras tanto, hasta llegar a este punto fatal, habremos de conformarnos con un mundo absurdo pues el sentido se encuentra sólo al final de la historia. (3)


Continuará...


Notas
1. Sartre, Jean-Paul. El existencialismo es un humanismo, p. 62, Ed. Edhasa, 2004.
2. Ídem, pp. 27-31, 86
3. Ídem, pp. 37-38, 43, 50-51

1 comentario:

Jonathan Beckman dijo...

He leido la primera píldora que has dado de Sartre y tus apreciaciones me parecen de gran autenticidad y coherencia.

Por un lado creí que ya nadie leía a Sartre, por otro, pensé que su obra filosófica pasaba desapercibida. En fin, me alegra estar errado.

Respecto a tu crítica, yo diría que en vez de dos Sartres hay tres. Los dos ya mencionados, el de la La Náusea, el Existencialismo..., y el de El ser y la nada. El último es de Crítica de la razón dialéctica que como tu bien dices abraza al marxismo de manera que la ofrece como respuesta (de cierta forma) o trampolín a una panorámica del mundo vista desde el existencialismo. Pero el otro sartre que yo he distinguido es el de la literatura en si. Bueno, puede parecer algo rísiculo separar su pensamiento con su literatura, pero si uno hila fino se dará cuenta que hay diferencias (no contradicciones) que lo hacen meritorio de separación. Tanto en "los caminos de la libertad" como en la obra dramática.

En fin, quería saludar y decirte que leeré con interés las otras dos capsulas.

Nos vemos.