martes, septiembre 12, 2006

Píldoras para un Sartre (III y fin)


Píldoras Críticas al existencialismo de Sartre


La filosofía del hombre. Sartre intenta superar una concepción metafísica del hombre y es hasta este punto que consideramos que llega su anti-humanismo. No obstante, su planteamiento, en la medida que reedita una nueva concepción del hombre -ahora esencialmente dialéctica, el ser humano como producto inacabado e inacabable- queda en el marco de una filosofía del sujeto. Nos preguntamos hasta que punto es consecuente una filosofía del hombre anti-humanista o si, por el contrario, se hace posible una filosofía que se sitúe en un paradigma distinto, en otra perspectiva, a saber, más allá del sujeto, del hombre.

El sujeto. Como escribíamos al inicio de este breve trabajo hay en el pensador francés una dialéctica entre libertad y situación. No obstante, intuimos que en el primer Sartre domina el primer aspecto hasta el punto de no atender con la importancia que se merece el segundo. Este hecho, a nuestro juicio, hace que nos preguntemos si, efectivamente, hay una visión ingenua del concepto de sujeto, de su autonomía, de su libertad. Consideramos que, como mínimo, hay que poner bajo sospecha ese «sujeto autotransparente y autoafirmativo», máxime cuando, reiterativamente, se afirma la capacidad inalienable del ser humano para elegirse a sí mismo y con ello elegir a todos los hombres. (7) ¿Cómo se constituye el sujeto y qué función social tiene? ¿De qué forma condicionan nuestros procesos deliverativos y nuestras decisiones morales las condiciones materiales de existencia, los impulsos del cuerpo, la ideología a través de la cuál pensamos y nos relacionamos con el mundo? ¿Nuestras prácticas morales siempre se dan desde una conciencia autotransparente o se dan, en muchas ocasiones, espontáneamente, aflorando, como la gramática, desde el inconsciente u otro ámbito desconocido del cuerpo? ¿Hay en Sartre una autonomía absoluta, hipostasiada o una autonomía relativa a la situación?

La ausencia de criterio de elección. Si no hay inmanencia alguna, si el significado es arbitráreo, si somos nosotros los que otorgamos un sentido a un mundo que es absurdo de por sí, si el acto mismo de elegir es lo que determina el valor de una opción sobre otra, entonces ¿cuál es el criterio de elección que nos permite discenir que es más valioso, desde el punto de vista moral, escoger colaborar con el gobierno de Vichy o apoyar decididamente a la resistencia frente a la ocupación y la barbarie nazi? El propio Sartre optó a lo largo de su vida por una práctica ligada al compromiso social e incluso, cosa que nos parece digna de encomio, contra el imperialismo francés en Argelia y favorable a la revolución. No obstante, su compromiso, a la luz de su lógica del sentido, tenía el mismo fundamento, el mismo peso, que el de aquellos que aún hoy desearían que Argelia fuera una colonia francesa. Sartre podrá objetarnos en este punto que esto no es cierto, que él en la medida que eligió oponerse al colonialismo francés puso el valor en esta opción. Estamos de acuerdo con él en que a posteriori puso el valor en la lucha anticolonial pero nosotros nos preguntamos por cuál fue el criterio a priori para tomar dicha decisión, si a priori es posible dirimir si una decisión es más valiosa que otra.

El subjetivismo. La problemática que queremos situar aquí es similar a la anterior pero más enfocada al conocimiento que al ámbito práctico, de la moral. Nuevamente, si los aparatos conceptuales que nos permiten representarnos la realidad, que condicionan nuestra existencia material y nuestra relación con la realidad, son todos igualmente válidos, es decir, están igualados por el hecho de ser mero artifício, significado arbitrario dispuesto por el ser humano desde su libertad, entonces ¿en función de qué criterio escoger una u otra hermenéutica? La perspectiva existencialista de Sartre, según nuestro parecer en línea con la crítica marxista, padece de un fuerte subjetivismo. Consideramos que entre hermenéutica y realidad media una relación dialéctica, es decir, de una parte, nuestros aparatos conceptuales, valores, etc. condicionan la imagen que nos hacemos de la realidad, la relación que tenemos con ella; pero, a su vez, por otra parte, nuestra experiencia con la realidad sirve de criterio para determinar el grado de validez de nuestra hermenéutica.

Ilustremos esto con un ejemplo: Consideremos dos hermenéuticas, una se representa una piedra como un alimento mientras que la otra ve en dicho objeto algo susceptible de ser usado como utensilio bélico o artesanal. Aún partiendo del supuesto acuerdo con Sartre respecto al hecho -¡también muy discutible!- de que el sujeto pensante opta libremente por una u otra interpretación del significante, en este caso del objeto que designamos con la palabra piedra, consideramos que una u otra opción conceptual tienen un valor de conocimiento cualitativamente diferente. Un buen criterio para determinar el valor de conocimiento puede ser el grado de coherencia entre la interpretación y la práctica material acorde a dicha interpretación. La persona que interpreta la piedra como un alimento, con toda seguridad, tendrá unas digestiones no muy agradables, además, no estará proveyendo a su organismo de los nutrientes necesarios para su reproducción, esto le llevará a corto plazo a replantearse su aparato conceptual. Por el contrario, aquella otra persona que se representa la piedra como algo susceptible de uso bélico o artesanal obtendrá, sin lugar dudas, mejores resultados prácticos que aquél que se dedica a comer piedras.

Así pues, en un ámbito epistemológico, consideramos que la lógica del sentido en Sartre adolece de subjetivismo. A este respecto nos parece más apropiado el planteamiento de Marx en la segunda tesis sobre Feuerbach: «El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva no es un problema teórico, sino práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa sobre la realidad o irrealidad del pensamiento -aislado de la práctica- es un problema puramente escolástico» (8).

Compasión frente a angustia. Angustia, náusea, desamparo, soledad, temor, etc. describen un estado interior del sujeto. Esta filosofía se mira al ombligo, nos recuerda a Narciso paralizado frente a la imagen de sí mismo reflejada en el río. Frente a este Sartre, sin entrar en la continuidad de su pensamiento, tema que se nos escapa por nuestro escaso conocimiento, contrasta aquél en el que dominan palabras como colectividad, social, etc. El propio Sartre, pasados los años, afirmará: «Lo que me faltaba era sentido de la realidad. Desde entonces, he cambiado. He hecho un lento aprendizaje de lo real. He visto niños morirse de hambre. Frente a un moribundo, La náusea no tiene peso» (9). Aquí la fuerza, el peso -dice Sartre-, está en la situación, en la relación con la alteridad, en el sentimiento de compasión y solidaridad respecto al cuerpo que sufre. La mirada de la razón ya no va hacia adentro sino hacia fuera, quizá se encuentra en un juego de reciprocidad entre lo interior y lo exterior. Ciertamente, parece que aquí el pensador francés se haya a una distancia considerable de ese Sartre que afirmara: «El existencialista no cree en el poder de la pasión» (10).


Fin


Notas
7. Sartre, Jean-Paul. El existencialismo es un humanismo, pp. 31, 34, 43
8. Marx, Karl, La ideología alemana (tesis sobre Feuerbach), pp. 587-590
9. Cita extraída de http://www.ucm.es/info/especulo/numero8/60nausea.htm. Parte de una serie de estudios de Germán Uribe sobre Jean Paul Sartre.
10. Sartre, Jean-Paul. El existencialismo es un humanismo, p. 43, Ed. Edhasa, 2004.


Obras de Referencia
1. Sartre, Jean-Paul. El existencialismo es un humanismo. Ed. Edhasa, 2004.
2. Sartre, Jean-Paul. La náusea. Ed. Losada, 2003.
3. Marx, Karl. La ideología alemana. Ed. L’eina, 1988.
4. Althusser, Louis. Marxismo y humanismo, en La revolución teórica de Marx, Ed. Siglo XXI, 1972.
5. Strauss, Levi. Historia y dialéctica, en El pensamiento salvaje, FCE, 1970.
6. Gomá, Francesc. Sartre, conciencia de la libertad contingente, en Los filósofos y sus filosofías, dirigida por Bermudo, J.M., Tomo III, pp. 249-277, Ed. Vicens univ., 1983.

1 comentario:

Jonathan Beckman dijo...

Que puedo decir hombre, me saco el sombrero. Quiza te escriba un mail para felcitarte, para tirarte pestes, o solo para saludar, me agradó tu blog.

Que te vaya bien.

Beckman.